Cascajal: “Una aspiración largamente postergada”
(Entrevista con el académico, escritor y experto en planificación y desarrollo, Bernardo Ramírez del Valle, exclusivo para Prensa Nueva).
2/4/20262 min read


P.N. ¿Cuál es su opinión, doctor Ramírez, sobre la iniciativa, en curso, del proyecto separatista Cascajal Municipio?
B.R. Desde hace más de medio siglo, el corregimiento de Cascajal viene sosteniendo, casi en silencio, pero con persistencia, una aspiración legítima: convertirse en municipio. No se trata de un anhelo improvisado ni de una consigna coyuntural, sino de una demanda histórica que nace de su peso demográfico, su centralidad territorial y su papel económico y cultural dentro del municipio de Magangué.
P.N. ¿Desde el punto de vista de su poblamiento como ve a Cascajal?
B.R. Cascajal no es un corregimiento cualquiera. Es, de hecho, el centro urbano más poblado del municipio y la cabecera del Distrito Corregimental N.º 5, en que se divide administrativamente Magangué. Su condición de nodo articulador se explica tanto por su localización estratégica como por su función histórica en el poblamiento del complejo cenagoso que lo rodea.
P.N. Se destaca a Cascajal por su hermosa Ciénega adecuada para el fomento de su complejo turístico que se extiende hasta San Rafael de Cortina. ¿Cuál es su opinión?
B.R. Totalmente de acuerdo. Ubicado a orillas del hermoso y vital complejo de Cascaloa —el cuerpo de agua más importante del municipio—, Cascajal se levanta como punto de referencia obligado para una constelación de otros centros poblados corregimentales: San Rafael de Cortina, Ceibal, Betania, La Pascuala, Tacaloa, Puerto Kennedy, Santa Lucía, Isla Grande y Santa Fe. Todos ellos gravitan, en mayor o menor medida, alrededor de Cascajal como espacio de intercambio, abastecimiento, sociabilidad y servicios.
P.N. Cascajal es uno de los principales centros artesanales de la Región Caribe, además, pesca, ganadería y agricultura. ¿Son estos requisitos fundamentales de su economía?
B.R. Este es un factor fundamental para la pretensión del proyecto municipal. Ciertamente, la vida cotidiana del corregimiento está íntimamente ligada al agua y a la tierra. La pesca, la agricultura y las artesanías constituyen la base de su economía tradicional, heredada y transmitida por generaciones. No es casual que Cascajal sea reconocido como el principal centro artesanal del centro y sur del territorio de Bolívar: allí, el saber hacer, el trabajo manual y la identidad cultural no son folclor, sino sustento, memoria y futuro.
P.N. ¿Cuál es su visión sobre las posibilidades de esta segregación territorial?
B. R. En este contexto, la municipalización de Cascajal no debería entenderse como una fragmentación administrativa, sino como una oportunidad de ordenamiento territorial, descentralización efectiva y fortalecimiento del desarrollo local. Convertir a Cascajal en municipio permitiría una gestión más cercana de sus problemáticas estructurales, una planeación acorde con su realidad anfibia y productiva, y un mayor reconocimiento institucional de su papel histórico y regional.
P.N. ¿Por último, doctor Ramírez, merece Cascajal ser municipio?
B.R. La pregunta, entonces, no es si Cascajal tiene méritos para ser municipio, sino por qué, después de cincuenta años de aspiraciones reiteradas, esa discusión sigue pendiente. Tal vez ha llegado el momento de escuchar con mayor atención la voz de este territorio, que desde la orilla de Cascaloa sigue reclamando, con dignidad y constancia, un lugar propio en el mapa político-administrativo del sur de Bolívar.
